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¿EFECTO MEMORIA – REALIDAD O UN MITO DEL PASADO?

Desde la década de 1970, los acumuladores de níquel-cadmio (NiCd) fueron señalados como los principales responsables de este comportamiento. Según las primeras observaciones, la celda “aprendía” cuánta energía se había utilizado y limitaba de forma artificial su rendimiento en el siguiente ciclo. Muchos técnicos lo comparaban con una especie de protesta silenciosa: la batería NiCd no estaba dispuesta a “trabajar más” que la vez anterior.

Sin embargo, los NiCd modernos apenas presentan este efecto clásico. Su verdadero problema es la formación de cristales de cadmio dentro del material activo. A medida que estos cristales aumentan, disminuye la capacidad de almacenar energía, lo que provoca una reducción notable de la autonomía. En casos avanzados puede dañarse el separador entre los electrodos, lo que genera una fuerte autodischarge. Por eso, el término “efecto memoria” se utiliza hoy para referirse sobre todo a esta cristalización, y no al antiguo concepto de memoria de ciclos.

Para minimizar la cristalización, las baterías NiCd no deben permanecer más tiempo del necesario en el cargador. Tampoco se recomienda el uso de cargadores extremadamente rápidos, que prometen cargar 1500 mAh en media hora. Además, es beneficioso descargar completamente y recargar el acumulador dos o tres veces al mes para reactivar el material interno y ralentizar el crecimiento cristalino.

Si el efecto memoria ya es evidente, un cargador con función de “reset” o regeneración puede ayudar. Los usuarios más experimentados pueden descargar cada celda hasta aproximadamente 0,6 V, lo que destruye buena parte de las estructuras cristalinas. Es esencial recargar la celda inmediatamente, ya que una descarga profunda prolongada puede provocar daños irreversibles.

Cuando en los años 90 aparecieron las baterías de níquel-metal hidruro (NiMH), se anunciaron como totalmente libres de efecto memoria. La realidad ha demostrado que también los NiMH pueden desarrollar una forma leve del fenómeno, aunque mucho menos marcada que en los NiCd, en gran parte porque no contienen cadmio — metal que hoy está fuertemente regulado en la Unión Europea por su toxicidad.

En conclusión, el efecto memoria es un proceso químico complejo inherente a las baterías NiCd y, en menor medida, también a las NiMH. ¿Debe influir decisivamente en la elección de una batería? No necesariamente, ya que un uso adecuado permite reducir sus consecuencias. Como alternativa, existen las celdas de litio-ion, completamente libres del efecto memoria, aunque su precio suele ser más elevado. Profundizaremos en este tema en el próximo artículo.

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